Es notable como todos cocinan en la calle, friendo productos que uno no conoce, y salteando verduras nunca antes vistas por nosotros. Visitamos un par de templos budhistas que nos parecieron muy lindos, y finamente, tomamos un Tuk-Tuk hacia Khao San Road, nuestro destino final, donde comimos. Andar en Tuk-Tuk en esta ciudad puede ser letal, pero los conductores parecen tenerlo todo bajo control.
El choque cultural es muy fuerte por momentos. El tráfico en las calles, las calles mismas, la gente, en fin, todo es muy diferente de nuestra lejana Buenos Aires. No solamente la comida, aunque bien podríamos empezar por eso. Nuestra única noche de salida en Bangkok fue memorable. Nos sentamos en un bar donde había bastante movida, y nos encontramos con la grata sorpresa de que solo vendían botellas de alcohol y no medidas.
Por lo tanto, nos vimos forzados a comprar un Red Label que acabamos esa misma noche, aunque no ya en ese bar sino en un boliche que se llamaba Le Club, que nos recomendó una promotora de Heineken.
Promotora es un eufemismo de prostituta, que las hay de a montones en las calles nocturnas de Bangkok. Puede decirse, de todas maneras, que las mujeres tailandesas son muy lindas. Nunca vimos una mujer gorda. Debe ser por lo sano de su cocina, a base de arroz, noodles y vegetales de todo tipo y color.
Al día siguiente fuimos a Chatuchack Market, un inmenso mercado, suerte de versión tailandesa de los mercados de pulgas parisinos. Obviamente este era incomparablemente más grande, como puede esperarse de una ciudad asiática de millones de habitantes, pero así y todo no encontramos muchas cosas interesantes.
Nuestro día se redujo a eso, básicamente, producto de la tremenda resaca que nos provoco el tercio de botella de whisky que había tomado cada uno de nosotros la noche anterior. Cruzar la frontera hacia Camboya fue toda una experiencia. El día empezó con un viaje en bondi hasta Aranya Prathet, ciudad tailandesa fronteriza con Camboya. La experiencia comenzó cuando nos bajamos en la terminal y tomamos un Tuk-Tuk hasta la frontera. Obviamente, y a pesar de haber sido advertidos fuimos estafados por los propios agentes del consulado de Camboya, país donde la corrupción dicen que supera ampliamente la de Argentina. Debimos pagar más dólares de lo que correspondía por un taxi que nos llevo desde la frontera hasta Siem Reap, además de tener que tramitar la visa en una mesa de madera bajo un tinglado en medio de un suburbio de ciudad fronteriza. Toda la escena fue muy surreal.
Mas Fotos: http://picasaweb.google.com/johnetix/Bangkok?feat=directlink
AHHHHHHHHHHHH, los quieroo, vi todas sus fotos, quiero estar ahi!!, les mando un beso grande
ReplyDeleteHEY HEY HEY!!!. Me alegro de que esten bien, abrazo. Monty.
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