Queridos lectores:

Por las escasas conexiones de internet dignas en nuestros destinos, el blog se ve afectado con intervalos de tiempo muy dispares entre los diferentes posts.

Esperamos que puedan superar este incordio y sigan leyendolo y comentandolo como antes.

Saludos,
J, J y L.

Friday, February 26, 2010

La ville en rose



Llegamos a Jaipur, capital del Estado de Rajasthan, en tren desde Nueva Delhi. La India tiene un excelente sistema de transporte ferroviario que se extiende como una telaraña por todo el subcontinente. El tren es parte de la cultura india, tanto como lo es en Europa. Delicias de la colonización británica, que aún subsiste en esta potencia mundial que es la India, todas las ciudades, hasta la más pequeña, tiene su propia estación, y las frecuencias y el servicio son bastante buenos, aunque existen los atrasos, que luego sufriríamos en carne propia.

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Llegamos hacia el mediodía, y conseguir un hotel no fue todo lo fácil que nos hubiera gustado. Creímos que en la oficina de turismo oficial de la estación recibiríamos información objetiva y certera. Todavía no llevábamos tantos días en la India como para saber que es imposible, siendo turista, que los indios no intenten exprimirte los bolsillos hasta decir basta. Hasta los funcionarios públicos intentan beneficiarse a costa de uno, y si el rédito no es para ellos, nunca falta un pariente o amigo a quien ayudar. Basta con sacar un pie de la estación para ver la oleada de conductores de rickshaws decididos a venderte lo que puedan. Creíamos que viniendo del Sudeste estaríamos curtidos, pero en este aspecto, la India lo supera todo. De hecho, lo único que nos resultó desgastante de este país es la insinceridad de los indios para con quienes somos, después de todo, su principal fuente de ingresos.

Superado el incordio, e instalados en un hotel céntrico, salimos a recorrer la ciudad. Tomamos un rickshaw hacia el casco histórico, dentro de las murallas de la ciudad. El conductor del rickshaw, con un peinado al estilo Pocho la Pantera, estaba completamente fuera de sí, e insultó y tocó bocina a cuanta persona se cruzó por nuestro camino. El personaje era bastante genial, y nos llevó a destino en apenas unos minutos. Aprieten el video si quieren viajar unos minutos en Rickshaw por la India.


IMG_0861Jaipur es conocida como la Ciudad Rosa. Todas las construcciones del casco antiguo fueron mandadas a pintar de ese color para darle bienvenida al Principe de Gales en una visita que realizó en el siglo XIX. Lo primero que visitamos fue el Jantar Mantar, un observatorio  impresionante construido en el siglo XVIII por un maharajá. Los instrumentos, de tamaños descomunales, que utilizaban para medir la altura del sol o la posición exacta de los astros, entre otras cosas, nos gustaron mucho. De allí cruzamos la calle hacia el City Palace, donde pudimos ver el fastuosismo del estilo de vida de estos príncipes que no conocían límites materiales. La sala de armas, en particular, nos entretuvo bastante, con armas de todos los tipos, colores y tamaños imaginables. También nos impresionaron unos jarrones íntegramente hechos de plata, al exclusivo efecto de transportar agua sagrada del Ganges para uso personal del soberano en uno de sus viajes a Londres.
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A la mañana siguiente recibimos a Luli Tixi, que venía de China y resultó ser una gran compañera de viaje y congeniamos de maravilla. Con ella, fuimos a ver el Palacio de los Vientos, desde donde las mujeres del maharajá miraban la actividad de la ciudad sin ser vistas, a través de pequeñas ventanitas que tambén hacían las veces de ventilación natural. La influencia musulmana es muy fuerte en esta región, y la ley que impedía a las mujeres mostrar sus rostros se aplicaba con todo rigor. Hasta hoy en día se ven mujeres que apenas dejan ver sus ojos, y el trato de los indios, tanto musulmanes como hindúes, para con la mujeres es bastante cavernícola.
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Por la tarde visitamos el Fuerte de Amber, cuya visita fue conducida por un guía muy particular. De vez en cuando había que darle cuerda para que procesase las respuestas, y estaba obsesionado con proteger nuestras cabezas de los bajos marcos de las puertas. Cada dos minutos se escuchaba con una delicada voz las palabras ¨mind your head¨.




De allí fuimos a ver el Water Palace, que es un hermosos edificioIMG_0893 en el medio de un lago. No pudimos acceder más que hasta la orilla y terminamos comprando telas para nuestras solícitas madres y hermanas. En ese negocio salió a la luz una carácteristica escondida en javo y que la presenciaríamos a lo largo de todo el viaje: Javier es adicto al regateo. Actualmente esta quinto en los top ten más odiados por los comerciantes de India. Entre otras cosas, negocia precios hasta dejar secos a los vendedores para finalmente decir que no le interesa comprar. También se los ha visto pedir reemplazo entre sus compañeros para descansar, extenuados por las indecisiones de Javo a la hora de elegir, tramas, modelos, tamaños y colores. De todos modos no podemos negar que es un negociador tenaz.
Finalmente terminamos el día viendo el atardecer desde un templo en la cima de una colina y rodeados de pícaros monos. Por la mañana siguiente partimos a Pushkar, la ciudad enemiga de los vicios.

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Más fotos: http://picasaweb.google.com/johnetix/Jaipur?feat=directlink

Delhicado golpe de India

Llegamos a Delhi después de un placentero vuelo desde Bangkok. Por avión si que vale la pena moverse! Acostumbrados como estabamos a los rudimentarios medios de transporte asiáticos, volar nos pareció un sueño hecho realidad. Una aliviante sensación de frescura, que ya casi no recoradábamos, nos invadió ni bien pisamos la pista del aeropuerto Indira Gandhi, en esta capital. Nos sorprendió también la oscuridad de la ciudad: era de noche, y apenas vislumbramos algunas lucecitas, pero Nueva Delhi estaba oscura. No parecía, desde el aire, la ciudad inmensa que realmente es.

Después de hacer los trámites de migraciones y de recuperar nuestras mochilas, nos encontramos con el taxi que la gente del hotel que habíamos reservado por Internet nos había mandado. El viaje hasta el hotel duró más de lo esperado, ya que un accidente en la autopista nos obligó a quedarnos parados durante casi una hora, hasta que un grupo de ingeniosos taxistas, en lo que supuso un impresionante trabajo en equipo, logró mover una pared de hormigón armado, formando un salvoconducto que nos permitió alejarnos del embotellamiento. Hubieramos podido quedarnos horas ahí, de no haber contado con la astucia de los graciosos indios que, jamás perdieron la calma, y hasta parecían super entretenidos con la imprevista tarea. Bienvenidos a la India!

Continuamos nuestro viaje sin sobresaltos, hasta que finalmente llegamos a nuestro hotel. Con una ingeniudad casi tierna, Juan preguntó al taxista si estaba seguro de que nos había llevado a la dirección correcta, ya que el barrio no era muy pintoresco. Claro que el chofer estaba en lo cierto. Despùés de todo, estamos en Delhi, y ver toneladas de basura en la calle, o decenas de cuerpos durmiendo a la intemperie, entre vacas que recorren las veredas con total libertad, o ver gente haciendo sus necesidades en la calle sin ningùn pudor, es algo que no puede sorprender. El hotel, a pesar de todo era muy decente.

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Agotados por el viaje, nos fuimos a dormir temprano. Además, lo poco que habíamos visto nos invitaba a quedarnos adentro, al menos por esa noche.

IMG_0712Tuvimos la suerte de llegar a Delhi para el feriado del 26 de enero,  que es cuando los indios celebran el día de la República, con un impresionante desfile militar desde la India Gate, cerca del muy céntrico Connought Place, hasta el Red Fort, en la Vieja Delhi. Luego de sortear los puestos de seguridad, logramos llegar hasta la primera fila para poder ver los imponentes carros que representan a cada una de las regiones del país, mostrando cosas típicas de cada lugar.  También vimos como los regimientos de soldados emperifollados para la ocasión se divertían bailando y cantando en la calle, hasta que el silbatazo de algún superior los transformó súbitamente en gélidas estatuas marchantes.

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De ahí nos fuimos a recorrer Connought Place, pero la plaza y sus alrededores estaban en plena reconstucción, ya que la ciudad se está preparando para recibir con toda la pompa y circunstancia, a las delegaciones que este año se darán cita en Delhi para celebrar los Juegos del Commonwealth. La influencia inglesa es, dicho sea de paso, palpable en todas partes. Todos los carteles están en hindú y en inglés, y hasta el más intocable de todos los parias maneja con comodidad la lengua de Shakespeare.
Por la tarde caminamos por el barrio de nuestro hotel, y fuimos a la estación de tren para averiguar como funcionaba el tema de los trenes, que tanto usaríamos para recorrer el Rajasthan. A esta altura ya sabíamos que esta ciudad no merece más de dos días de estadía.

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Al día siguiente fuimos a Majnu-ka-Tilla, una colonia tibetana en Delhi, donde compramos alguna literatura budista  y probamos las delicias de la cocina del Tibet. Cuando volvimos al centro de la ciudad, pasamos por el gran Fuerte Rojo, una gran construcción militar bastante deteriorada y no muy bien mantenida pero que, así y todo, es una de las grande atracciones turísitcas de esta ciudad. Esa sería nuestra última noche en Delhi, ya que a la madrugada siguiente tomamos un tren hacia Jaipur, capital del Rajasthan, para iniciar nuestro recorrido por ese fabuloso desierto.

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Más fotos: http://picasaweb.google.com/johnetix/Delhi?feat=directlink

Monday, February 22, 2010

Bangkok reloaded

IMG_0629Después de pasar unos días en las montañas del norte de Tailandia, bajamos a Bangkok, único destino de todo nuestro viaje que repetimos. En realidad fue una escala obligada, pero volver a esta ciudad magnífica nunca está mal. Bangkok vale la pena una visita cada vez uno se acerca a ella, ya que es única, cautivante, completa y muy cosmopolita. Además, Bangkok explota por la noche.

Nos instalamos en un hotel cerca de Khao San Road, que es la meca de los turistas en este lugar. Queríamos estar más cerca de la movida, ya que la vez anterior nuestro hotel etaba un tanto alejado de este punto neurálgico. LLegamos muy temprano en la mañana, y con mucha suerte conseguimos habitaciones libres en un hotel, donde pudimos completar horas de sueño para arrancar con pilas.

IMG_0626El primer día, volvimos al MBK, ya que Johnny y Lauta tenían unas compras que hacer. Javo, harto de ese lugar, se fue solo en  un tuk-tuk que lo llevó a recorrer la ciudad gratis, a cambio de que pasara por dos negocios para que el conductor pudiera cobrar su comisiòn. Es común que los choferes lleven a los turistas a satrerías o joyerías, para recibir a cambio un vale para cargar nafta. Al mediodía nos encontramos todos en el MBK, para seguir la tarde juntos.


IMG_0649Almorzamos en un puestito callejero de por ahí, y después fuimos a ve el WAat Arun, un templo ubicado sobre la margen derecha del río que corta a esta ciudad en dos. Para ello, tuvimos que cruzar en barco hasta la otra orilla. Los tailandeses manejan los botes igual que los barcos: el río era un perfecto bardo.

Nuestras aventuras nocturnas por Oriente venían siendo un tanto mediocres, pero no tanto por nuestra culpa, o vagancia, sino porque muchos de los lugares donde estuvimos no se prestaban para esos menesteres. Por eso aprovechamos nuestra segunda estadía en Bangkok para revivir las noches que pasamos en nuestra primera vez aquí. Los lectores fieles recordarán aquellos relatos.

P1240076Con esa intención, salimos a comer por Khao San. Comidos y  bebidos, fuimos primero a un bar, para luego seguir la recorrida en el mismo boliche donde tanto nos habíamos divertido la anterior vez. Para nuestra sorpresa, la música se cortó bastante  temprano, razón por la cual decidimos seguir nuestro tour bolichero en Spicy, un reducto que nos fue recomendado por taxistas. Los jugosos detalles de la noche fueron víctimas de la censura del comité de Moral y Buenas Costumbres de este blog, por lo cual deberán ser transmitidos a viva voz a nuestro regreso. Sólo se nos permite decir que fue una noche muy bizarra,  y recomendarles no tomar cuando se ingieren pastillas contra la malaria.

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IMG_0672La mañana siguiente, fuimos los tres sólos a buscar un poco de respiro al Royal Palace. Hacía tiempo que necesitabamos un poco de soledad. Además Xavi, nuestro compañero catalán, no estuvo en condiciones de salir de la cama hasta pasado el mediodía. El Palacio Real es un complejo ubicado en el centro de la ciudad, muy cerca del río, y que alberga una gran cantidad de edificios oficiales y templos. En realidad el rey no vive allí, pero es la sede histórica del gobierno, y el ícono más imponente de la ciudad. Lo que más se destaca dentro de esta mini-ciudad es el templo donde se puede ver una estatua del Buda íntegramente tallada en jade.

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Esa noche sería nuestra última en Bangkok, y también en el Sudeste. Después de tantas aventuras, debíamos despedirnos en grande. Por este motivo, aprovechamos para saldar una vieja deuda con este lugar: la obligada visita al Ping-Pong Show. Una vez más, nuestra libertad de expresión se ve coartada por la feroz censura ejercida por el citado comité, que nos impide contarles a nuestros seguidores el contenido de este show extraordinario, donde es bien posible perder un ojo entre dardos, pelotas y bananas embadurnadas que vuelan por aquí y por allá. El show, que se ofrece a los turistas en todos los locales que dan sobre el PatPong Market, no tiene desperdicio y, aunque denigrante, es muy divertido.

IMG_0698A la mañana siguiente aprovechamos para ir a ver el Wat Pho, el templo más grande de Bangkok, donde está la impactante estatua del Buda recostado, que mide 45 metros de largo. Al cabo de ver tanta pagoda y tanta imagen de Buda, uno se cansa, pero sin duda ésta última que vimos era impresionante, y refleja claramente la profunda espiritualidad de estos pueblos. Después de almorzar, nos fuimos al aeropuerto. Dejábamos atrás a Bangkok, y con ella, nuestra aventura por el Sudeste Asiático. No sin un poco de nostalgia, pero con  mucha  excitación también, volamos a Nueva Delhi para comenzar una nueva etapa, el recorrido por esa India que tanto anhelamos conocer. La tierra de los monos y las serpientes, de los magos y los camellos, de los libros de Kipling y Rushdie, de los excéntricos maharajás y los exlcuidos Intocables, de los hindúes y los musulmanes, la tierra de los mil dioses y las vacas sueltas estaba, finalmente, a unas horas de distancia.

Más fotos: http://picasaweb.google.com/johnetix/BangkokReloaded?feat=directlink

Pai

Llegamos nauseabundos los tres argentinos por el serpenteante camino de montaña mientras los españoles detras nuestro venian chochos de la vida escuchando Sabina.

Desde un principio Pai nos pareció encantador. Un pequeño pueblo detrás de las montañas, como se podría encontrar en las sierras de Córdoba o en algún lugar perdido de nuestro país. Es conocido como el destino Hippie de Tailandia, aunque llamarlo así consideramos que es un poco exagerado. Es simplemente un pueblo un poco mas relajado para lo que se conoce de los orientales. Esto sumado a unos puestos que venden pipas, estampas de Bob Marley y merchandising con los colores senegaleses hacen que se lo piense como un destino fumón.
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IMG_0605Conseguimos una económica habitación para los cinco y nos fuimos a andar por el pueblo que tiene unas pocas cuadras de largo, previa pasada por un restaurant multi-étnico cuya comida se hizo desear un buen rato ya que la cocinera era su propia ayudante, camarera y lavacopas al mismo tiempo. Después de comer encontramos un campus de colegio donde se celebraban algo asi como unos Sports y nos metimos. Jugamos un rato con  los chicos al basket y al fútbol como dignos misioneros y despues empapados de sudor nos fuimos para el rio. Pegarse un baño no era lo mas tentador. No era el río más puro, pero bueno tampoco era el Ganges asique Xavi y Juan se animaron y se dieron un chapuzón tras el atento ojo de la cámara de Paqui.

IMG_0611Al día siguiente fiel a nuestra costumbre alquilamos unas motos y nos fuimos a ver los alrededores. Primero vimos unas cascadas que no eran muy grandes pero tenian una hoyita para darse un baño. El agua estaba helada! Siguiendo los pasos de Lauta que se tiró de una parte mas osada, Juan trepó a buscar un sitio mas alto donde poder recibir un masaje de agua. El lugar lo encontró en una incomoda posición y pudo mantenerla unos segundos,  pero lo que no se dió cuenta es que salir de esa postura le obligaba a pisar el resbaloso lecho de la cascada que lo iba a llevar indefectiblemente cuesta abajo. Estaba trabado y la altura ya no era menor. En su intento por salir de ahi pegó un espástico salto y llego al otro extremo. Pero no se pudo agarrar y cayó. Mientras bajaba asustado entre el agua en una especie de tobogán su cabeza pasaba cerca de las rocas. Un segundo después salió del agua intacto pero con un cagazo padre. No habia pasado nada.

A la vuelta de las cascadas unas graciosas viejas de una tribu de montaña nos ofrecieron marihuana, opio y hasta heroína!  Seguimos nuestro viaje en moto por las sierras buscando otras cascadas y disfrutando de la vista. Las segundas cascadas estaban a tres horas caminando nos informó un simpático chico de Bariloche. Estaba en una comunidad autoabastecida y se quedaba ahi un tiempo a cambio de trabajo porque le habian afanado todo en el sur de Tailandia. Nos tomamos un café con él y seguimos nuestro paseo.

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IMG_0304.CR2Ya volviendo a Pai nos encontramos con un lugar donde sucedió   un acontecimiento natural muy llamativo: la tierra se había abierto. Esa zona era un campo privado y según afirman los carteles del lugar el hecho sucedió de un día para el otro sin que haya lluvias ni registros de terremoto. Por más que dudemos de la veracidad de estas aclaraciones, las grietas dejaban en claro que no había sido un trabajo humano. Vale aclarar también que no cobraban entrada! (aunque aceptaban donaciones).

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Esa noche conocimos un grupo de mujeres españolas que contaban unos cincuenta inviernos pero que tenian mas energía que todos nosotros juntos. Tomamos unos tragos y nos reímos mucho con las señoras que nos hablaban de igual a igual y no tenian una pizca de aburridas.

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Mas tarde Javo conoció una Americana y una Israelita y quedó con ellas para tomar algo. Como Lauta se sentía mal y Paqui y Xavi se quedaron con las Españolas quedamos en parejas cerradas. A Javo, como siempre, le tocó la más linda, que le tiró bastante buenas ondas y a Juan la Israelita que era estilo besos en la frente. Lamentablemente para Javo, su señorita solo quería conocerlo de palabras porque tenía novio mientras que él la quería conocer de hecho. Juan tuvo mejor suerte ya que los israelitas están acostumbrados a estar en guerra con sus vecinos, y ésta tenia muchas batallas encima.

Al otro día de resaca nos levantamos y nos fuimos a Chiang Mai a verla a Koong por ultima vez y partir finalmente hacia Bangkok.

Monday, February 15, 2010

Un bárbaro viaje hacia la civilización

Cruzar desd LP, Laos, hasta Chang Mai, en el norte de Tailandia, fue un viaje que no rompió con la regla de oro de los medios de transporte del sudeste asiático, y que no es otra que la insoportabilidad. Por más reiterativo que parezca empezar el relato refiriendose a eso, no podemos en este caso dejar de hacerlo de ese modo.

IMG_6200Nuestra gran expectativa por un viaje que no fuera por vía terrestre –remontaríamos hacia el norte por el río Mekong durante seis horas- se vió tempranamente diluída ni bien vimos el bote que nos llevaría hasta la frontera que separa a Laos de Tailandia, o lo que es lo mismo, a Laos del Primer Mundo.

En efecto, el tan mentado speed-boat, no era más que una simple balsa con motor de automóvil, que alcanzaba hasta 60 km/h y donde apenas cabían ocho personas completamente amuchadas, sentadas sobre el piso como todo asiento, entre dos tablillas de unos 20 cm de altura que hacían las veces de respaldo y que resultaron ser muy nocivas para nuestras espaldas. Es notable como no les importa ofrecer un servicio cuyas condiciones son infrahumanas.

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Luego de ocho interminables horas de viaje, llegamos al pueblo que hace frontera con Tailandia, y tras hacer los trámites de rigor, entramos por segunda vez a Tailandia. Volver a este país es un poco como volver a respirar aire fresco. Tailandia está al lado de Laos y de Camboya, pero la separa de ellos mucho más que una simple frontera. La diferencia entre ese país y sus vecinos es abismal. El grado de desarrollo económico y social que alcanzó ese reino no tiene comparación con el atraso y la decadencia de sus vecinos del Sudeste. Laos y Camboya, en particular, son países muy precarios, donde todo el mundo busca la ventaja constantemente, y donde los medios de transporte son paupérrimos. Tailandia, en cambio, tiene buenas rutas, buenos servicios, hay bancos por todas partes, los autos son modernos, y hay marcas internacionales en todas las principales ciudades.

Esa misma noche llegamos a Chiang Mai junto a nuestros amigos catalanes y nos quedamos en el unico hotel que conseguimos.

Al otro dia y un poco descansados encontramos un hotel mas agradable, donde lo mas destacable era la recepcionista. Se llamaba Koong, y nos dejo a todos atontados con su cuerpo, su sonrisa, y su simpatia. Nosotros le deciamos en español que nos la ibamos a llevar a Buenos Aires. Por supuesto ella solo sonreia.

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IMG_0586Chiang Mai es una ciudad muy grande y atractiva a la vez.  Tal como Luang Prabang en Laos, CHMai es muy importante para el budismo por su ubicacion entre el resto del Sudeste Asiatico y el Tibet. De hecho, coincidimos con el funeral de dos dias de una especie de obispo budista y hasta el mismisimo principe de Tailandia estaba presente en la ceremonia.

Otro aspecto a destacar de Chiang Mai es que es limpia, sobretodo si se compara con los demas paises, y no se toca la bocina!

Durante nuestra estadia alquilamos bicicletas y nos dedicamos a buscar libros, recorrer la ciudad y a hacer averiguaciones para ver a donde seguiamos viajando. Teniamos unos dias libres antes de Bangkok y queriamos ir a algun destino en el medio. Las opciones eran Pai o Chiang Rai. Lo tiramos a suerte y salio la primera.

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Mas alla de tener unos restos de murallas, numerosas pagodas  (hay más de 400 templos budistas) y un muy buen Night Market, CHMai no se caracteriza por tener grandes atracciones turisticas. Creemos que es una ciudad más para vivir que para visitar.

IMG_6204Sin embargo, cabe destacar de la ciudad que se ofrecen masajes cada media cuadra. Los hay de todos los precios partiendo de 5 dólares.  Algunos, con vidrios polarizados y apariencia dudosa ofrecen un servicio extra. Algunos hicimos Thai massage que es una experencia desgarradora,  y otros el Oil massage que es mas occidental.





Un viaje de LA OStia: adiós Vietnam!

El viaje de Sapa, en Vietnam, hasta Luang Prabang, en Laos, fue una auténtica odisea, un periplo que difícilmente olvidaremos. La experiencia fue única, pero a pesar de todos los percances y excetricidades que tuvimos que vivir antes de llegar a destino, fue muy divertido.

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Partimos desde Sapa muy temprano en la mañana, dando inicio a un viaje que duraría dos días enteros, y que debimos hacer en varios trayectos, atravesando paisajes diversos, rutas en plena construcción, miles de poblados rurales, y el paso fronterizo que une a ambos paises por el norte.

Para no perder la costumbre, los vietnamitas que nos llevaron hicieron caber en la minivan muchas más personas del límite máximo, el cual una vez superado hace que las condiciones del viaje sean apenas humanas. Los vehìculos asiáticos están preparados para personas de medidas de ese continente, y nosotros no cabemos en sus apretados espacios. Más platónico que nunca, Juan es prisionero de su cuerpo de medidas exageradas. Para peor, la ruta estaba en construcción, y a juzgar por los escasos avances de la obra, ésta se encontraba en su primerísima etapa de ejecución: quizás dentro de varios años el mismo viaje sea más corto y placentero que el nuestro, pero en esta ocasión no fue así. La combi debió sortear verdaderos cráteres, que si nos hubieran dicho que eran restos de la guerra de Vietnam, lo hubieramos creído.

Después de viajar en esas condiciones durante más de nueve horas, llegamos a Dien Bien Pho, a pocos kilometros de la frontera. Ahí pasamos la noche, para tomar otro bondi a las 5 am del día siguiente. Nos acompañaban los catalanes que conocimos en Halong Bay. Comer en DBPH fue todo un tema. Debe ser más fácil encontrar a alguien que hable latín que alguien que hable inglés en este pueblo alejado de toda realidad.

P1134174El perilplo continuó, pues, a la madrugada siguiente. Apenas una hora y media o dos después de partir, un brusco frenazo de coductor hizo que los chapones que llevaban en el techo cayeran hacia adelante, astillando todo el parabrisas de la camioneta. Por suerte el vidrio no se rompió, y pudimos continuar el viaje, aunque tragando toneladas de tierra, puesto que la ruta no estaba pavimentada.

Pasado el mediodía, llegamos a Muong Kuang, en Laos. Durante todo el recorrido nos acompañaron unas campesinas vietnamitas que llevaban consigo cantidad de bolsones con vaya a saber uno qué cosas dentro. Presumiblemente llevaban comida para vender, y además, tenían gatos, patos y gallinas, todos dentro de la cabina de la camioneta.

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Muong Kuang es el paso obligado para cruzar de un país a otro. El pueblo es de una precariedad absoluta, y es un fiel pantallazo de lo que será Laos, un país atrasado varias décadas de la historia, muy castigado por un comunismo que no supo concretar sus promesas. Por suerte conseguimos un bondi que salía después de una hora hacia Luang Prabang, nuestro inalcanzable destino final. El viaje fue igual que todos los otros, pero el colectivo era mucho más grande y cómodo. Apenas nos bajamos de ese bondi en LP, hicimos dos cuadras y vimos que el chofer atropelló a una motociclista que acabó con medio cuerpo dentro del motor. QEPD.

IMG_0409Llegamos a LP, a eso de las 12 de la noche. Nuestro grupo estaba compuesto por nosotros tres, Paqui y Xavi, y una mujer israelita de 63 años que, desafiando a su edad, viajaba mochila al hombro sola por el Sudeste, dejando a su marido enfermo en Israel. Fiel a su sangre, la señora se jactaba de ser muy buena regateadora, lo cual nos sirvió a la hora de tener que levantar a un conductor de tuk-tuk que dormía plácidamente y no quería llevarnos a buscar un hotel por menos de dos dólares cada uno.

Extenuados por el viaje interminable, sólo queríamos conseguir rápidamente un hotel para tirarnos en una cama y dormir. La vagancia es característica de los laosianos, y lo advertimos ni bien llegamos a LP. La ciudad parecía un pueblo fantasma, sólo se escuchaba el silencio de la noche. Golpeamos la puerta de todos los hoteles de la ciudad pero en todos recibimos, de parte de remolones concerges nocturnos, la misma respuesta: rooms full. Finalmente, y cuando ya casi no quedaban hoteles en los que preguntar, conseguimos dos habitaciones de muy baja calidad. Las tomamos, y al día siguiente nos mudamos. Claro que por la mañana fue mucho más fácil encontrar guest houses dispuestos a recibirnos y, curiosamente, ya casi ninguno estaba lleno.

Luang Prabang es una ciudad muy especial. Enclavado en la península formada por la confluencia de dos ríos (el Mekong y otro de nombre impronunciable), el pueblo es muy afrancesado, está lleno de cafes y boulangeries, y muchos hoteles llevan nombres galos. Herencias de la colonización.

IMG_0147Luego de asentarnos y de un buen desayuno nos dedicamos a pasear por el pueblo. Vimos muchas pagodas ya que Luang Prabang supo ser y sigue siendo un polo budista muy importante en Laos. Por la tarde nos hicimos una escapada a las zonas menos turisticas para conocer como viven los locales. Cruzamos el rio a traves de un puente de bambu y nos perdimos por las selváticas calles de tierra. Cuando dimos con una despensa, y al ver que habia unas mesitas, quisimos involucrarnos aun mas en la cultura(alcoholica) local. Nos pedimos una botella de Lao-Lao que es un aguardiente de arroz y nos tomamos unos chupitos. Luego del atardecer y volviendo para el hotel encontramos otras mesitas al lado del río donde no pudimos resistirnos a tomarnos una cervecita en la orilla. Ya de noche y un poco tambaleantes cuzamos el puente de bambu y nos fuimos temprano al hotel.
En los primeros dias conocimos muchos españoles y se armo un grupito hispanoparlante: Oihane y Pablo del Pais Vasco, Yolanda de Valladolid, Sergio de Guadalajara y los ya conocidos Paqui, Xavi, Javo, Lauti y Juan.

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SUDESTE ASIATICO 431Un día alquilamos motos y fuimos a ver una casacada, donde pudimos meternos y nadar un rato. A la vuelta, encontramos una fiesta local sobre la ruta, que duraba tres días. El pedo que llevaban algunos de los laosianos que nos invitaron muy agradablemente a sumarnos a su tertulia, era tal que apenas podían mantenerse parados. Sin pensarlo, nos invitaron a que probaramos un licor de arroz (era el único derivado de ese fruto que nos faltaba), añejado en unas tinajas de barro. En honor a la verdad, el trago era bastante feo, y sabía a pegamento, pero no podíamos despreciarlo. Tuvimos que tomarlo todo. Igualmente, eramos un grupo grande. Tiramos unos pasos en la pista, pero no supimos sacarle le ficha del todo al baile tradicional de este país. 


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SUDESTE ASIATICO 485Al día siguiente, alquilamos motos nuevamente y fuimos a ver unas cuevas que no valían para nada la pena. Luang Prabang es muy lindo, pero los programas que ofrece no son del todo divertidos. Nuestra última noche fuimos a jugar Bowling, lo único que podía hacerse de noche en esta ciudad. A la mañana siguiente, dejábamos este país. El tiempo es tirano, y sólo nos permitió conocer esta ciudad, ya que la fecha de nuestro vuelo a Delhi se acercaba con ritmo vertiginoso. El viaje hacia Tailandia es digno de un post aparte.

Saturday, February 13, 2010

Sapa vino por el sendero del arroz

Después de algunos trámites de último momento en Hanoi, y de una panzada en KFC (primera vez en todo el viaje en que cedimos ante nuestras raices occidentales), decidimos adelantar un día el viaje a Sapa. Tomamos un tren nocturno hasta Lao Cai, para llegar fnalmente, y viaje en bondi mediante, a Sapa.

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Despertarse en Sapa después de un viaje de bondi de una hora es  un poco como seguir soñando. Es un lugar increíble. Puede decirse de este pueblo, al igual que de Dalat, que no parece Vietnam. De hecho, ambos tienen mucho en común, aunque Sapa es mucho más chico y más lindo. Los dos pueblos están rodeados de montañas, tienen un lago, hace más frío que en la costa, y la arquitectura y el entorno son mucho más europeos que asiáticos. 

IMG_0220Partimos pues a recorrer el pueblo, luego de habernos instalado en un hotel con vista sensacional, y con nuestras flamantes cámaras dispuestas a capturar toda imagen que se interpusiera ante sus lentes, cual japoneses en un city-tour europeo. Pasamos por el mercado de la plaza central, donde sufrimos el atosigamiento de las vendedoras vestidas con ropas de pueblos originarios. Sapa puede no parecerse mucho al resto del país del que forma parte, pero sus venderores tienen el sello inconfundible de la insistencia y perseverancia vietnamita a la hora de sacar dólares a los turistas: llegaron a seguirnos por muchas cuadras, haciendo oídos sordos a nuestras negativas. Fue además muy decepcionante haber comentado lo pintoresco  que lucían sus vestidos y lo interesante que era que aún conservaran sus tradiciones, para después verlas por la noche ebrias en un bar, con ropas más occidentales que las nuestras. 

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IMG_0042.CR2IMG_0044.CR2Por la tarde nos encontramos con los catalanes que habíamo s conocido en Halong Bay, y que tambièn seguían viaje hacia aquí. Almorzamos y después alquilamos unas motos para ir a ver unas cascadas en las afueras del pueblo. Por ser ésta la estación seca (lo que explica por qué en todo el viaje llovió apenas dos veces), la primer cascada no era tal, y la segunda era un finísimo hilo de agua. Entre una y otra, probamos un arroz cocinado dentro de una caña de bambú. No puede negárseles a los orientales la virtud de la imaginación: hacen con el arroz hasta lo que pareciera imposible. La tarde terminó con el palo que se dio Lauta en la moto. Ya era de noche, y la ruta tenía un trayecto de unos metros en que no había pavimento sino tierra. El venía primero, y por la oscuridad no vio que el terreno cambiaba. Terminó en el piso, aunque casi ileso. Dueño de una valentía inigualable, ni siquiera nos pidió que los acompañaramos al hospital, a pesar de que tenía un rasponcito que, de haber estado en Buenos Aires, hubiera merecido al menos dos días de Mater Dei, y una semana de terapia intensiva hogareña, rodeado de su harén. 


P1110291Al día siguiente hicimos un trekking, atravesando las terrazas de arroz que tapizan las laderas de todas las montañas de la zona, con destino a un Hill tribe llamado Ta Van. La caminata fue espectacular, nada cansadora, y los paisajes fueron increíbles. El tiempo ayudó mucho. Pudimos ver todo el proceso de cultivo de arroz, lo cual nos pareció justo, después de habernos pasado un mes y medio comiéndolo de dos a tres veces por día. El dominio que tiene del agua es asombroso, y los sistemas mediante los cuales inundan las terrazas parece una obra de ingeniería del Primer Mundo. También vimos los molinos con los que trituran el arroz mediante un ingenioso pero rústico sistema mecánico-hidráulico. El trayecto fue de 10 km y a media tarde llegamos a Ta Van, donde estaba esperandonos la familia indígena que nos hospedaría.
IMG_0331Por la noche comimos con la familia del Homestay donde dormimos. La comida fue muy rica y comimos hasta decir basta, aunque todo era más de lo que veníamos comiendo hacía mucho tiempo. Nos dieron vino de arroz, que nos obligaron a tomar en grandes cantidades, en parte quizás, para paliar la falta de calefacción. Cada cinco minutos el dueño de casa proponía un brindis en su honor, ya que supuestamente era su cumpleaños, lo cual implicaba tomarse un shot de vino casero al cabo de escuchar la fórmula “Tuc Tuc Hue” (El saludo borracho vietnamita).

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Al día siguiente, después de caminar unos km más, nos llevaron a Sapa. Llovía y no teníamos ganas de hacer mucho. Además, ya habíamos recorrido todo el pueblo. Por la mañana siguiente, emprendimos un interminable viaje que nos llevó hasta Luang Prabang, en Laos.

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Mas fotos: http://picasaweb.google.com/johnetix/Sapa?feat=directlink