Queridos lectores:

Por las escasas conexiones de internet dignas en nuestros destinos, el blog se ve afectado con intervalos de tiempo muy dispares entre los diferentes posts.

Esperamos que puedan superar este incordio y sigan leyendolo y comentandolo como antes.

Saludos,
J, J y L.

Thursday, January 28, 2010

Nha Trang: Té de madrugada

Dejamos Dalat, para volver a la costa, y de algún modo a Vietnam. Nha Trang, sobre el mar de China, es uno de los destinos más conocidos de este país, seguramente por sus playas interminables y aguas verdes. La ciudad en sí no es muy linda y no dice mucho, pero tiene mar, lo cual de por sí es bastante. El primer día lo pasamos en la playa, bañándonos y caminando por ahí.
Sedientos de un poco de música y noche, salimos del hotel para comer algo, con la idea de terminar en algún boliche divertido, que seguramente encontraríamos sin problemas en una ciudad costera. Error. Después de probar suerte en el Sailing Club, un reducto casi aristocrático (al modo vietnamita, por supuesto) con grandes reminiscencias del YCA, dimos con otro boliche más céntrico, pero no por eso menos prometedor. Nuevamente error. La historia preció repetirse, y la escena fue casi idéntica a la de la Navidad en Dalat. Nos recibieron en el lugar como a reyes, hicieron cuanto pudieron por hacernos sentir cómodos y a gusto, nos ofrecieron tragos y demás, pero no funcionó. Era ya un poco tarde (11PM, cabe la aclaración) y la música estaba a niveles intolerables. Todos los boliches a los que fuimos tuvieron el mismo problema: no se aguanta el volumen de la música, o al que mantienen sus conversaciones en la calle. Escupen a los gritos ese idioma incomprensible que hablan. La noche terminó en el hotel, mirando Apocalypsis Now. Curiosidades de la vida: Martin Sheen empieza desde Nha Trang su largo recorrido por el río camboyano, hasta dar con el Colonel Kurtz para cumplir con la misión que le fue asignada.
El segundo día, nos tomamos bien temprano un bote hasta una isla que queda justo en frente de la ciudad. Después de navegar durante casi una hora, nos tiramos en el mar para hacer snorkel. El agua era bastante transparente, y entre las rocas del mar completamente tapizadas de algas y corales, pudimos ver peces de todos los colores y tamaños, y hasta un pulpo y una tortuga que no alcanzamos a tocar porque la presión del agua sobre nuestros oídos nos impidió bajar tan profundo. Después de comer un espectacular almuerzo que nos prepararon en el barco, con camarones, calamares, atunes, y los infaltables spring rolls que los orientales comen sin saciarse, volvimos a tirarnos para nadar un rato más. La bahía en la que nos tiraron esta segunda vuelta no era tan buena, y además el agua estaba un poco sucia. El snorkel fue por lo menos, un programa diferente.
Esa misma tarde partimos para Hoi An, un destino que dió mucho para contar.

Dalat: Navidad en los Alpes vietnamitas

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Nuestro viaje en bondi a Dalat, un pueblo en el medio de las montañas vietnamitas, fue de lo más tortuoso que podamos recordar. No hay caso! Viajar por tierra en Asia no puede nunca ser placentero. Las rutas son un desastre, y los vietnamitas no aportan mucho con su manera de manejar. De todos modos, lo peor del viaje fueron los asientos. Ninguno de los tres entraba en el suyo.
Dalat no parece Vietnam. Tampoco parece Asia, en verdad. Es una ciudad muy chica, pero parece más bien un pueblo grande, enclavado en medio de las montañas del sur de Vietnam, alrededor de un lago no muy grande. Todo el mundo vende a Dalat como si fuese un pueblo de los Alpes franceses, y es un poco verdad. Las casas y todas las construcciones son más europeas que otra cosa. El clima, además, es mucho más frío que en la costa, y por primera vez tuvimos que abrigarnos.
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Lo primero que hicimos después de habernos instalado en el hotel fue, como siempre, salir a dar una vuelta en busca de algo para comer. Dimos una vuelta por el lago y encontramos un barcito que nos convenció porque parecía muy local. Tuvimos que luchar para poder lograr que la moza entendiera lo que queríamos pedir, y todo para que nos sirvieran cualquier otra cosa. En Vietnam es muy difícil encontrar a alguien que hable inglés decentemente.

IMG_2538Después de almorzar, caminamos hacia la catedral, y fuimos también al Crazy GuestHouse, un hotel construido por la hija del sucesor de Ho Chi Minh en la presidencia de este país. La casa estaba buena, pero aparte de que no estaba terminada, era copia un tanto burda del estilo de Gaudí. De ahí fuimos a visitar el palacio de verano del último rey de Vietnam, que tampoco nos gustó mucho, ya que parecía cualquier cosa menos una residencia real. Al llegar, unos turistas nos advirtieron que valia la pena verlo, solo si nos gustaba la arquitectura “Funky”. Extrañados por esta descipcion poco ortodoxa nos acercamos y descubrimos una mansion estilo Art Decó pero bastante fea. Sorprendia imaginar al rey viviendo ahi aunque por ser contruida en la decada del 30 imaginamos que seria una maravilla moderna para ese momento.

Era 24 de diciembre y aunque los vietnamitas no festejaran la  navidad, algo teníamos que hacer. En realidad, había como un espíritu navideño por todas partes, lucecitas prendidas en todas las calles, y hasta gente disfrazada de Papá Noel, pero pareciera que les gustaba más la idea en torno de la Navidad, el producto, más que la Navidad en sí que, después de todo es una fiesta católica. En ese sentido, nosotros, agnósticos incrédulos, estábamos un poco en la misma sintonía. Salimos a comer y Dalat era un páramo. Nadie por ningún lado, a eso de las 11 hasta las lámparas de la calle se apagaron. Creímos que tendríamos que volver a hotel, hasta que decidimos probar suerte en un boliche que habíamos visto por la tarde. Por suerte, el boliche explotaba cuando llegamos, y lo genial fue que por ser turistas nos atendieron como a reyes. Tres o cuatro mozas nos recibieron, nos llevaron a una mesa ocupada, sacaron a la fuerza a los locales que disfrutaban sus tragos, y comenzo el ir y venir de tragos y bebidas. En cuanto sacabamos un cigarrillo del paquete ya teniamso un encendedor prendido frente a nuestras bocas, pareciamos Jaffi Jaffer, rey de Zamunda. Los boliches orientales tienen, entre seguridad, mozos, DJ y barmans, suman más empleados que clientes, y todos hacen hasta lo imposible por atenderte.
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Al día siguiente alquilamos unas motos y recorrimos toda la  ciudad. Tuvimos nuestra gran oportunidad para desquitarnos y tocar la bocina a todos los que se nos cruzaran. Puede que uno no se sienta en Vietnam cuando está en Dalat, pero los vietnamitas con sus bocinazos incesantes se encargan de recordarnos que estamos en su país. Con las motos fuimos a ver dos cascadas que nos parecieron una gran mierda. Es increíble que vendan a las cascadas como la gran atracción del lugar, cuando apenas parecen naturales. Dimos un par de vueltas más, y visitamos otros lugares muy turísticos pero poco interesantes, como la antigua estación de tren.

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Mas fotos: http://picasaweb.google.com/johnetix/DaLat?feat=directlink

Monday, January 18, 2010

Wild Off!: Mui Ne

Tocamos Mui Ne Beach, ansiosos por llegar a la playa vietnamita por primera vez, e ilusionados con la idea de poder surfear unas olas asiáticas. Se dice que Mui Ne es el mejor lugar de Vietnam para hacer Kite y Wind surf, y en algunos lugares por ahí escuchamos que era bueno para la tabla. Sin embargo los fuertes vientos y el poco swell que vimos nos hicieron dar cuenta que era una Idea difícil de concretar. Salir de las agónicas pero novedosas urbes que veníamos visitando era, de todos modos, un plan muy tentador.

El sleeping bus es un colectivo de larga distancia con camas en vez de asientos. Puede sonar muy práctico visto desde afuera, pero la mezcla a iguales proporciones de rutas destruidas, choferes con pie de plomo y literas de 1,75 m de largo forman un aperitivo muy difícil de tragar. Los asientos del fondo que nos tocaron también fueron arma de doble filo, porque entre los tres lo ocupamos todo y nos pudimos estirar un poco más, pero al mismo tiempo estar detrás del eje trasero del colectivo nos convertía en una especie de trampolín-móvil con saltos casi ornamentales.


Mui Ne es totalmente diferente de lo que veníamos viviendo pero a su vez menos de lo que esperábamos. Tiene una calle larga de varios kilómetros a lo largo de la playa que en algún aspecto nos recordaba a algunos pueblos de Brasil, aunque con el inconfundible pasar de motitos y bocinas al mejor estilo Vietnam. “It’s a classic” diría Lauta.

El alojamiento estuvo muy bien. Eran unos encantadores bungalows de caña de bambú, y caminando por un sendero unos metros llegábamos al mar. La habitación era sencilla, calurosa, pero extremadamente barata asique estábamos chochos.

La playa tenía su encanto propio. A nuestra izquierda, una línea interminable de palmeras luchando entre sí por ser primeras en la línea del mar y con sus copas prácticamente alcanzando la orilla se perdía a lo lejos entre unos barquitos redondos muy simpáticos y redes de pescadores. Sin embargo para el otro lado se vislumbraba una playa con muy poca arena hasta el mar, y comenzaba una línea igualmente interminable de hoteles y resorts. El agua era tibia, aun marrón por la gigante desembocadura del Rio Mekong en el Mar de China y bastante poluta con bolsas principalmente. El tema de la polución en Vietnam creo que merece un espacio aparte para observación.

También conocimos una pareja Sueca muy copada: Pontus (Poncio en español) y Sofía, hija de un malagueño llamado Pepe.

En Mui Ne hicimos caminatas por la playa y vimos atardeceres espectaculares. Una noche salimos con Pontus y Sofía a comer y a jugar al pool. Se armó desafío local-visitantes con resultados bastante parejos. La que mejor jugaba era una chica, Chao, que con pequeñitos dedos y manos golpeaba la bola con total firmeza. Me desafió un partido mano a mano y nunca supimos si era una prostituta de las que por acá abundan o simplemente una buena jugadora de pool. Lógicamente me ganó.

Luego del bar y con unos tragos encima nos fuimos en moto-taxi a Hollywood, un boliche muy bueno pero que solo había diez personas dentro. Bastante cancheros en forzar fiestas porteñas nos pusimos a bailar y a levantar un poco la noche. Hasta se sumaron tres chicas que parecían de quince. Pusieron un remix de “Música Ligera” y ya no lo creíamos. Después de un rato de levantar lo inlevantable nos fuimos al hotel. Esa noche pegamos y nos fuimos a terminarla  a la playa.

El día siguiente lo dedicamos a relajarnos y disfrutar de un día entero sin estar en una metrópoli. Caminamos por ahí y compramos unas mudas baratas. Ese día que nos quedamos a comer al hotel para acostarnos temprano se sumaron tres más al grupo de la noche anterior: Pablo, Paula y Ruger. El primero era argentino y los otros dos españoles. Nos divertimos mucho contando anécdotas de viajes y compartiendo unas cervezas. A las doce le cantamos el feliz cumpleaños a Pontus y un ratito después, le dimos un abrazo a todos, nos despedimos de ellos y también de Mui Ne.


Saturday, January 2, 2010

El equilibrio desordenado (o El caos ordenado)

ReflexionesMotos, autos, carritos de comida, vans, camionetas, bicicletas, bocinas, tuk-tuks, tráileres arrastrados por personas, bicis y motos, autos y camionetas de lujo, algunos blindados, motos y más motos.

La gente fluye como hormigas: hay un camino y un sentido, pero cada uno va por donde quiere. O sino como un río. Si, un río me gusta más, cada persona-molécula de agua fluye de modo egoísta por donde encuentre espacio, sin importar normas o convenciones y pasando cada una sobre la otra.

Lo sorprendente es que logran todos su fin, el de seguir avanzando sin detenerse. Curiosamente, el río de personas fluye en un equilibrio impensado. El caos vehicular, con los dedos pegados a las bocinas, se las arregla para siempre seguir avanzando y detenerse únicamente en los semáforos importantes, como este que tenemos enfrente. Los demás semáforos, los secundarios, son solo un estorbo para este caos equilibrado y no sería prudente respetarlos. Y, cuando este poste de luces (que consideraríamos vital para la buena circulación en cualquier sociedad occidental) otorga el paso, comienza el fluir de este río motor-humano con todas sus partículas circulando a la misma velocidad y ocupando cualquier espacio vacío.

Los peatones no son ajenos a esta analogía: para cruzar la calle solo basta con seguir caminando sin detenerse. El flujo desordenado de vehículos instintivamente esquivará al transeúnte casi rozándolo, pero sin que este o los vehículos correntosos interrumpan su movimiento natural. Tal como actúa el agua cuando se le presenta un obstáculo en el camino.

Estoy describiendo lo que veo pasar delante nuestro parados en esta esquina, mientras intento sacar la foto que inmortalice esta encrucijada. Como no logro plasmarlo en una imagen me pasé al escrito. Tampoco lo logré.

Y empiezo a sospechar porqué la foto no sale y las palabras no me bastan. No se inventó el medio para capturar también los ruidos y los olores, y sobre todo las sensaciones. El río es uno pero también es muchos, leí en algún lado, y solo se puede conocerlo estando uno ahí. Por eso ahora seguimos nuestro camino dejándonos llevar por una corriente cuyo destino no decidimos.

Good morning Vietnam!


Finalmente llegamos a Saigon. El viaje en bondi desde Phnom Penh fue más largo que lo previsto pero llegamos bien. ¿Qué decir de Saigon? En primer lugar, que el antiguo nombre nos gusta mucho más que actual –Ho Chi Minh City-, ya que la palabra city suena demasiado occidental para una ciudad enclavada en el extremo de Oriente, detrás de la cual ya no queda nada más que el inmenso océano que no hace honor a su nombre. Por si eso fuera poco, Saigon es oriental hasta la médula.


¨Caos¨ es una palabra que no alcanza para describir a esta ciudad. Tocar la bocina parece ser el deporte nacional, y uno piensa dos veces si es realmente necesario cruzar la calle antes de finalmente hacerlo. El tráfico en Saigon no es siquiera comparable con el de Bangkok, ciudad en la que nos impresionó la cantidad de gente, autos y motos que circulaban. La moto es el medio de transporte predilecto de los vietnamitas, y las hay en cantidades inimaginables. Hasta funcionan como taxis.

Cuesta creer, al visitar Saigon, que hace tan solo cincuenta años este país se debatía, con insuperable salvajismo, entre el comunismo y el capitalismo, dando lugar a un conflicto tan sanguinario que sus huellas aún son palpables. Saigon parece hoy en día más capitalista que la propia Nueva York. Hay mercados por todas partes, la ciudad está plagada de pequeños negocios, y es difícil ver miseria en las calles. Claro que hay suciedad y amontonamiento de gente, pero no se ve pobreza, no hay hambre. Saigon puede tener los problemas típicos de una ciudad en donde viven millones de personas en un territorio ridículamente exiguo, pero hay prosperidad y la gente sonríe. Uno puede caminar por las calles con total tranquilidad, porque no existe la violencia marginal que sí se ve en Latinoamérica, donde hay mucha más exclusión que aquí. Después de todo, estamos en la República ¨Socialista¨ de Vietnam.

Saigon fue colonia francesa durante muchos años, y la influencia de esa cultura se nota fácilmente en algunos de los edificios más importantes de Saigon. Lo que más conocimos fue el District 1, donde vimos, entre otras cosas, el Hotel de Ville, el Museo de Bellas Artes, el Teatro Municipal y el Reunification Palace. Al único que entramos fue a este último.




Lo mejor que vimos en Saigon fue, por lejos, el War Remnants Museum, un museo dedicado a la invasión americana de Vientam, que es simplemente imperdible. Excelentemente documentado, la visita es muy fuerte. Las imágenes son tremendas, y hacen hervir la sangre. La guerra fue atroz, y los americanos no se privaron de nada. Es devastador ver las fotos de los chicos prendiéndose fuego vivos por causa del Agent Orange, o ver los bosques del delta del Mekong completamente desfoliados por el efecto del gas Napalm. Además, las fotos de las malformaciones que esos productos provocaron en generaciones y generaciones subsiguientes quitan el aliento. Cualquier americano debería sentir mucha vergüenza de su propio país al visitar este museo, aunque es posible que la estrechez mental del promedio de ese país les impida ver a ellos lo que es evidente para todos. Son muy buenas también las fotos que reflejan el movimiento hippie y pacifista que comenzó en EE.UU pero que se expandió por todo el mundo, luchando por la paz en Asia.



Por la noche salimos a algunos bares, pero nunca encontramos boliches. Nuestro hotel estaba ubicado en una calle muy ruidosa, donde dormir profundo era muy difícil. Saigon es una ciudad muy copada pero puede resultar cansadora. Nuestro próximo destino es Mui Né, no muy lejos de Saigon, aunque sobre la costa. Queda muchos por recorrer en este país, y Vietnam promete mucho.

Mas Fotos: http://picasaweb.google.com/johnetix/Saigon