El sleeping bus es un colectivo de larga distancia con camas en vez de asientos. Puede sonar muy práctico visto desde afuera, pero la mezcla a iguales proporciones de rutas destruidas, choferes con pie de plomo y literas de 1,75 m de largo forman un aperitivo muy difícil de tragar. Los asientos del fondo que nos tocaron también fueron arma de doble filo, porque entre los tres lo ocupamos todo y nos pudimos estirar un poco más, pero al mismo tiempo estar detrás del eje trasero del colectivo nos convertía en una especie de trampolín-móvil con saltos casi ornamentales.
Mui Ne es totalmente diferente de lo que veníamos viviendo pero a su vez menos de lo que esperábamos. Tiene una calle larga de varios kilómetros a lo largo de la playa que en algún aspecto nos recordaba a algunos pueblos de Brasil, aunque con el inconfundible pasar de motitos y bocinas al mejor estilo Vietnam. “It’s a classic” diría Lauta.
El alojamiento estuvo muy bien. Eran unos encantadores bungalows de caña de bambú, y caminando por un sendero unos metros llegábamos al mar. La habitación era sencilla, calurosa, pero extremadamente barata asique estábamos chochos.
La playa tenía su encanto propio. A nuestra izquierda, una línea interminable de palmeras luchando entre sí por ser primeras en la línea del mar y con sus copas prácticamente alcanzando la orilla se perdía a lo lejos entre unos barquitos redondos muy simpáticos y redes de pescadores. Sin embargo para el otro lado se vislumbraba una playa con muy poca arena hasta el mar, y comenzaba una línea igualmente interminable de hoteles y resorts. El agua era tibia, aun marrón por la gigante desembocadura del Rio Mekong en el Mar de China y bastante poluta con bolsas principalmente. El tema de la polución en Vietnam creo que merece un espacio aparte para observación.
También conocimos una pareja Sueca muy copada: Pontus (Poncio en español) y Sofía, hija de un malagueño llamado Pepe.
En Mui Ne hicimos caminatas por la playa y vimos atardeceres espectaculares. Una noche salimos con Pontus y Sofía a comer y a jugar al pool. Se armó desafío local-visitantes con resultados bastante parejos. La que mejor jugaba era una chica, Chao, que con pequeñitos dedos y manos golpeaba la bola con total firmeza. Me desafió un partido mano a mano y nunca supimos si era una prostituta de las que por acá abundan o simplemente una buena jugadora de pool. Lógicamente me ganó.
Luego del bar y con unos tragos encima nos fuimos en moto-taxi a Hollywood, un boliche muy bueno pero que solo había diez personas dentro. Bastante cancheros en forzar fiestas porteñas nos pusimos a bailar y a levantar un poco la noche. Hasta se sumaron tres chicas que parecían de quince. Pusieron un remix de “Música Ligera” y ya no lo creíamos. Después de un rato de levantar lo inlevantable nos fuimos al hotel. Esa noche pegamos y nos fuimos a terminarla a la playa.
El día siguiente lo dedicamos a relajarnos y disfrutar de un día entero sin estar en una metrópoli. Caminamos por ahí y compramos unas mudas baratas. Ese día que nos quedamos a comer al hotel para acostarnos temprano se sumaron tres más al grupo de la noche anterior: Pablo, Paula y Ruger. El primero era argentino y los otros dos españoles. Nos divertimos mucho contando anécdotas de viajes y compartiendo unas cervezas. A las doce le cantamos el feliz cumpleaños a Pontus y un ratito después, le dimos un abrazo a todos, nos despedimos de ellos y también de Mui Ne.
esa noche pegamos??????? jajaja
ReplyDeletelos extrañoooooo! beso grande
vicky