Finalmente llegamos a Saigon. El viaje en bondi desde Phnom Penh fue más largo que lo previsto pero llegamos bien. ¿Qué decir de Saigon? En primer lugar, que el antiguo nombre nos gusta mucho más que actual –Ho Chi Minh City-, ya que la palabra city suena demasiado occidental para una ciudad enclavada en el extremo de Oriente, detrás de la cual ya no queda nada más que el inmenso océano que no hace honor a su nombre. Por si eso fuera poco, Saigon es oriental hasta la médula.

¨Caos¨ es una palabra que no alcanza para describir a esta ciudad. Tocar la bocina parece ser el deporte nacional, y uno piensa dos veces si es realmente necesario cruzar la calle antes de finalmente hacerlo. El tráfico en Saigon no es siquiera comparable con el de Bangkok, ciudad en la que nos impresionó la cantidad de gente, autos y motos que circulaban. La moto es el medio de transporte predilecto de los vietnamitas, y las hay en cantidades inimaginables. Hasta funcionan como taxis.

Cuesta creer, al visitar Saigon, que hace tan solo cincuenta años este país se debatía, con insuperable salvajismo, entre el comunismo y el capitalismo, dando lugar a un conflicto tan sanguinario que sus huellas aún son palpables. Saigon parece hoy en día más capitalista que la propia Nueva York. Hay mercados por todas partes, la ciudad está plagada de pequeños negocios, y es difícil ver miseria en las calles. Claro que hay suciedad y amontonamiento de gente, pero no se ve pobreza, no hay hambre. Saigon puede tener los problemas típicos de una ciudad en donde viven millones de personas en un territorio ridículamente exiguo, pero hay prosperidad y la gente sonríe. Uno puede caminar por las calles con total tranquilidad, porque no existe la violencia marginal que sí se ve en Latinoamérica, donde hay mucha más exclusión que aquí. Después de todo, estamos en la República ¨Socialista¨ de Vietnam.
Saigon fue colonia francesa durante muchos años, y la influencia de esa cultura se nota fácilmente en algunos de los edificios más importantes de Saigon. Lo que más conocimos fue el District 1, donde vimos, entre otras cosas, el Hotel de Ville, el Museo de Bellas Artes, el Teatro Municipal y el Reunification Palace. Al único que entramos fue a este último.

Lo mejor que vimos en Saigon fue, por lejos, el War Remnants Museum, un museo dedicado a la invasión americana de Vientam, que es simplemente imperdible. Excelentemente documentado, la visita es muy fuerte. Las imágenes son tremendas, y hacen hervir la sangre. La guerra fue atroz, y los americanos no se privaron de nada. Es devastador ver las fotos de los chicos prendiéndose fuego vivos por causa del Agent Orange, o ver los bosques del delta del Mekong completamente desfoliados por el efecto del gas Napalm. Además, las fotos de las malformaciones que esos productos provocaron en generaciones y generaciones subsiguientes quitan el aliento. Cualquier americano debería sentir mucha vergüenza de su propio país al visitar este museo, aunque es posible que la estrechez mental del promedio de ese país les impida ver a ellos lo que es evidente para todos. Son muy buenas también las fotos que reflejan el movimiento hippie y pacifista que comenzó en EE.UU pero que se expandió por todo el mundo, luchando por la paz en Asia.
Por la noche salimos a algunos bares, pero nunca encontramos boliches. Nuestro hotel estaba ubicado en una calle muy ruidosa, donde dormir profundo era muy difícil. Saigon es una ciudad muy copada pero puede resultar cansadora. Nuestro próximo destino es Mui Né, no muy lejos de Saigon, aunque sobre la costa. Queda muchos por recorrer en este país, y Vietnam promete mucho.
Mas Fotos: http://picasaweb.google.com/johnetix/Saigon
Muchachos muy bueno el blog! vengo leyendo todas las notas!! Que un robo los haya dejado sin cpu no implica que no puedan seguir subiendo cosas !! Abrazo para todos los muchas !!! Sigan contandoo
ReplyDeletesebas