Queridos lectores:

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Esperamos que puedan superar este incordio y sigan leyendolo y comentandolo como antes.

Saludos,
J, J y L.

Friday, February 5, 2010

Hoi An: de-sastres y pesquisas

Por lamentable que sea, lo primero que tenemos que decir, antes que cualquier otra cosa, es que nuestro segundo día en Hoy An no fue un gran día. En realidad, fue nefasto. La primera noche salimos a comer, fuimos a ver el Full Moon Festival, que cada vez que es luna llena se lleva a cabo en esta ciudad, y cuando nos levantamos a la mañana siguiente nos dimos cuenta de que nos habían robado. Faltó la cámara de fotos de Juan, el Ipod de javo y buena cantidad de dólares de todos!! Una gran amargura porque además del daño material que este golpe implica para nuestras finanzas, pasamos un día fatal. Fuimos y volvimos a la comisaría varias veces, hicimos venir a la policía al hotel, nos tomaron declaración, sacaron fotos, desplegaron la típica parafernalia de policía seudocientífica, y todo para irse dejándonos con las manos completamente vacías. Tenemos la certeza de que fue algún empleado del hotel, ya que ni las ventanas del cuarto ni la puerta estaban forzadas, con lo cual es evidente que entraron con la llave. Pero de todas maneras los del hotel no se hicieron cargo de nada, y obviamente, decidimos mudarnos. Son cosas que pasan cuando uno viaja, máxime si se trata de destinos como estos, pero amargan al fin.
La llegada a Hoi An fue un gran cambio. Hay que decir, a pesar del episodio que se relata al comienzo de este post, que Hoi An nos fascinó. Un pueblito divino, casi perdido en el tiempo, super colonial, con callecitas ideales para perderse caminando, repleta de cafés, con un aire bastante bohemio. Hoi An es una ciudad amarilla, y no por ser oriental, sino porque todas sus antiguas construcciones están pintadas de ese color. Ésta ciudad es la de los sastres, hay negocios de ropa y de calzados por todas partes, y es fácil conseguir un par de zapatillas o un traje por menos de 30 dólares. De hecho, nos compramos todos pares de zapatillas, camisas de algodón y hasta pijamas de seda vietnamita por módicos precios, y hechos a medida.

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Después de caminar por el mercado, que obviamente no podía faltar en una ciudad de Oriente, y de hacer todas las compras antedichas, fuimos a ver el Full Moon Festival, mientras algún vietnamita hurgaba entre nuestras mochilas, en busca de efectivo y de electrónica. Sin conocer ese detalle tan incómodo, deambulamos por la calles del centro, oscurecidas por el apagón programado y apenas iluminadas por la luz de una luna casi llena, y por los centenares de velas que colgaban de los balcones. La temperatura era inmejorable, y había bandas que tocaban por aquí y por allá. Como todo en Vietnam, terminó  temprano, y tras fracasar en la búsqueda de algún boliche que nos permitiera irnos a dormir a un horario razonablemente tarde, volvimos al hotel para ver “Los Abrazos Rotos”, la última película de Almodóvar. El robo estaba consumado pero no lo advertimos hasta la mañana siguiente, cuando Juan empezó a desesperar porque no encontraba la cámara que era de su hermana. Cuando revisamos las demás mochilas, nos resignamos a aceptar lo inevitable: nos habían robado!
En la comisaría nos encontramos con dos australianas que estaban ahí para denunciar el robo de una cámara de fotos, pero ellas la habían pasado poco peor. En Saigon, las habían secuestrado unos malayos, que les sacaron hasta 40.000 dólares de la cuenta bancaria. Ciudadanas del Primer Mundo como lo son, tenían seguro contra todos, por lo cual recuperaron hasta el último dólar, y la cámara de fotos que estaba asegurada. Siempre es bueno saber que alguien la pasó peor. N lerdo ni perezoso, Juan quedó en que las pasaríamos a buscar por su hotel para ir a comer todos juntos. La más linda se llamaba Scarlet, y la otra, que era gorda, petisa y para colmo de males colorada, se llamaba Kathlin. Terminamos todos en un bar donde jugamos pool y tomamos unas botellas de scotch.

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PC310056Al día siguiente era 31 de diciembre. Alquilamos unas motos y   fuimos a China Beach, que aparentemente cambió su nombre por el de Sunrise Beach, por orden expresa del gobierno “democrático” de Vietnam. Por la noche fuimos a comer y luego fuimos a otro bar donde tomamos otro tanto de whisky, para recibir el año como Dios manda. De ahí fuimos a una fiesta en la playa, donde no había más que turistas, ya que en Vietnam no era Año Nuevo. Por la mañana siguiente, partimos hacia Hue, dejando atrás una ciudad que difícilmente olvidaremos.

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Más Fotos: http://picasaweb.google.com/johnetix/HoiAn?feat=directlink

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