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Saludos,
J, J y L.

Saturday, February 13, 2010

Sapa vino por el sendero del arroz

Después de algunos trámites de último momento en Hanoi, y de una panzada en KFC (primera vez en todo el viaje en que cedimos ante nuestras raices occidentales), decidimos adelantar un día el viaje a Sapa. Tomamos un tren nocturno hasta Lao Cai, para llegar fnalmente, y viaje en bondi mediante, a Sapa.

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Despertarse en Sapa después de un viaje de bondi de una hora es  un poco como seguir soñando. Es un lugar increíble. Puede decirse de este pueblo, al igual que de Dalat, que no parece Vietnam. De hecho, ambos tienen mucho en común, aunque Sapa es mucho más chico y más lindo. Los dos pueblos están rodeados de montañas, tienen un lago, hace más frío que en la costa, y la arquitectura y el entorno son mucho más europeos que asiáticos. 

IMG_0220Partimos pues a recorrer el pueblo, luego de habernos instalado en un hotel con vista sensacional, y con nuestras flamantes cámaras dispuestas a capturar toda imagen que se interpusiera ante sus lentes, cual japoneses en un city-tour europeo. Pasamos por el mercado de la plaza central, donde sufrimos el atosigamiento de las vendedoras vestidas con ropas de pueblos originarios. Sapa puede no parecerse mucho al resto del país del que forma parte, pero sus venderores tienen el sello inconfundible de la insistencia y perseverancia vietnamita a la hora de sacar dólares a los turistas: llegaron a seguirnos por muchas cuadras, haciendo oídos sordos a nuestras negativas. Fue además muy decepcionante haber comentado lo pintoresco  que lucían sus vestidos y lo interesante que era que aún conservaran sus tradiciones, para después verlas por la noche ebrias en un bar, con ropas más occidentales que las nuestras. 

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IMG_0042.CR2IMG_0044.CR2Por la tarde nos encontramos con los catalanes que habíamo s conocido en Halong Bay, y que tambièn seguían viaje hacia aquí. Almorzamos y después alquilamos unas motos para ir a ver unas cascadas en las afueras del pueblo. Por ser ésta la estación seca (lo que explica por qué en todo el viaje llovió apenas dos veces), la primer cascada no era tal, y la segunda era un finísimo hilo de agua. Entre una y otra, probamos un arroz cocinado dentro de una caña de bambú. No puede negárseles a los orientales la virtud de la imaginación: hacen con el arroz hasta lo que pareciera imposible. La tarde terminó con el palo que se dio Lauta en la moto. Ya era de noche, y la ruta tenía un trayecto de unos metros en que no había pavimento sino tierra. El venía primero, y por la oscuridad no vio que el terreno cambiaba. Terminó en el piso, aunque casi ileso. Dueño de una valentía inigualable, ni siquiera nos pidió que los acompañaramos al hospital, a pesar de que tenía un rasponcito que, de haber estado en Buenos Aires, hubiera merecido al menos dos días de Mater Dei, y una semana de terapia intensiva hogareña, rodeado de su harén. 


P1110291Al día siguiente hicimos un trekking, atravesando las terrazas de arroz que tapizan las laderas de todas las montañas de la zona, con destino a un Hill tribe llamado Ta Van. La caminata fue espectacular, nada cansadora, y los paisajes fueron increíbles. El tiempo ayudó mucho. Pudimos ver todo el proceso de cultivo de arroz, lo cual nos pareció justo, después de habernos pasado un mes y medio comiéndolo de dos a tres veces por día. El dominio que tiene del agua es asombroso, y los sistemas mediante los cuales inundan las terrazas parece una obra de ingeniería del Primer Mundo. También vimos los molinos con los que trituran el arroz mediante un ingenioso pero rústico sistema mecánico-hidráulico. El trayecto fue de 10 km y a media tarde llegamos a Ta Van, donde estaba esperandonos la familia indígena que nos hospedaría.
IMG_0331Por la noche comimos con la familia del Homestay donde dormimos. La comida fue muy rica y comimos hasta decir basta, aunque todo era más de lo que veníamos comiendo hacía mucho tiempo. Nos dieron vino de arroz, que nos obligaron a tomar en grandes cantidades, en parte quizás, para paliar la falta de calefacción. Cada cinco minutos el dueño de casa proponía un brindis en su honor, ya que supuestamente era su cumpleaños, lo cual implicaba tomarse un shot de vino casero al cabo de escuchar la fórmula “Tuc Tuc Hue” (El saludo borracho vietnamita).

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Al día siguiente, después de caminar unos km más, nos llevaron a Sapa. Llovía y no teníamos ganas de hacer mucho. Además, ya habíamos recorrido todo el pueblo. Por la mañana siguiente, emprendimos un interminable viaje que nos llevó hasta Luang Prabang, en Laos.

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Mas fotos: http://picasaweb.google.com/johnetix/Sapa?feat=directlink

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