
Halong Bay fue un destino que nos produjo, a los tres, reacciones encontradas. Por un lado, la bahía es un lugar alucinante y único. Hay millares y millares de islotes formados por rocas que sobresalen del mar, de todos los tamaños y con cuevas en su interior. Un paseo en barco por esas aguas verdes puede ser una experiencia irrepetible, por lo lindo del lugar. Pero por otro lado, la única manera posible de recorrerla es contratando un tour, lo cual no nos resultó mucho. No es nuestra manera ni preferida ni habitual para viajar, y eso lo sentimos bastante. La comida y el barco donde dormimos la primera noche y en el que recorrimos toda la bahía, eran buenos, pero los guías eran un desastre, y las cuevas a las que nos llevaron como primer atracciòn, eran absurdamente truchas. Artificialmente iluminadas, las cuevas estaban preparadas para mostrar a turistas desprevenidos algo que no existe y que, francamente, es mucho más feo después de la torpe intervenciòn del hombre. Claro que el clima tampoco ayudó mucho. Llovió todo el primer día y buena parte del segundo. Apenas vimos el sol. El tercer día volvimos a Hanoi, en un viaje rayano en lo insoportable.
Lo positivo de Halong Bay, que por supuesto nunca falta, fue haber conocido un lugar como no hay otro igual en el mundo. La leyenda cuenta que fue un dragón que vivía en las montañas el que, con su cola, formò ese laberitno de islas en la inmensa bahía sobre el mar de China, en la costa norte de Vietnam. Para los cinéfilos: Tomorrow Never Dies, una de las tantas películas de James Bond, fue filmada ahí.

Otra cosa que rescatamos de la visita a Halong Bay fue haber conocido a esta pareja de catalanes (Paqui y Xavi) que compartieron el barco con nosotros. Ellos se conocieron a través de un blog de viajeros de Barcelona, y se fueron a viajar por el Sudeste de Asia juntos. Ella tenía los pies enteramente quemados, producto de haber sido empujada en un fiesta en la playa a una fogata ardiente. El accidente había sido hacía diez días y recièn empezaba a caminar. Así y todo, jamás se quejaba de nada, y se anotaba en cualquier programa, por más que sus pies se lo impidiesen.
Además de todos eso, hicimos kayak, a pesar de que la vuelta haya sido realmente corta. También hicimos un trekking, donde tuvimos que soportar a un grupo de cinco chicas israelitas, que se habían lanzado al mundo después de pasar tres años en el servicio militar que todos los jovenes de ese país están obligados a cumplir. Vivir rodeados de enemigos dispuestos a eliminarlos del mapa los obliga a hacer ese tipo de cosas. Las chicas lograron perderse en una montaña en donde era imposible hacerlo, y una de ellas se lastimó el brazo, haciendo un escándalo tal que obligó al guía, una vez que las encontramos, a llevarnos a todos al hospital de la isla. Esa noche dormimos en un hotel en Cat Bai Island, y salimos a un bar donde nos divertimos bastante. Más allá de las mcuhas rondas de Gin tonic, nada memorable para contar.

Luego de un agobiante viaje de vuelta a Hanoi, Javo compró su tan anhelada cámara de fotos, y después de eso, fuimos a comprar raudamente los pasajes del tren que nos levaría a Sapa. Estabamos muy jugados con el tiempo. Sapa, un peuqueño pueblo en las montañas del noroeste vietnamita, sería nuestro último destino en este país que recorrimos de punta a punta, de sur a norte, visitando casi todo lo que puede verse. Vietnam es un país de grandes contradicciones, que hacen del él una tierra fascinante, al tiempo que cansadora.
Más fotos: http://picasaweb.google.com/johnetix/HalongBay?feat=directlink
una verdadera alegria saber de ustedes.
ReplyDeleteme los imagino siempre, disfrutando de su viaje, por mas que la mala suerte los alcanze de a momentos.
saludo grande para quienes son, no importa en que pais esten, el GRUPO INDIA
chiroca